- Subir los estándares siempre que apuesta. Ya sea cuando manda pre flop o lo hace tras las cartas comunes.
- Bajar los requisitos en cualquier otra circunstancia.
- Apostarles. Si se mandó pre flop y se juega primero, apostar. En el hold’em las cosas están planteadas de tal modo que se espeja pocas veces.
En consecuencia, las probabilidades de que haya hecho agua son mayores. Si se tiene posición sobre él y no apostó, también. Muy simple: no espejó.
- Confiar en la lectura de manos. Como son los jugadores más predecibles, la lectura es casi siempre certera. Esta única ventaja que otorga le pone un techo muy bajo cuando intenta ascender; el factor principal por el que es tan predecible es que no miente.
- Casi sin excepción, sus revires indican un juego de jerarquía, por ende, a menos que se tenga gran juego, el destino será el mazo.
- En torneos: mucho bluf, mucha posición y robo de ciegos.
- Evitar los proyectos porque, si salen, no los va a pagar.
- Son la presa ideal para un MAM de una mesa final o, en su defecto, mesas chicas. En las mesas finales de los S y J lo van a encontrar seguro, especialmente si son de ingreso bajo; sin embargo, como conoce sus limitaciones, es difícil verlo ocupar sillas en mesas de efectivo con menos de 7 jugadores.



