Cae en esta categoría el que se denomina jugador ajustado y débil. Comparte las siguientes propiedades:
1. Como dijimos, es ajustado.
2. Es predecible: siempre juega de la misma manera. No varía las cartas con las que entra ni los patrones de apuestas que considera merecer esas cartas. Es fiel a su estilo, pero rígido. Adolece de falta de cintura.
3. Renuncia con manos marginales: va al mazo con excesiva facilidad. Por ejemplo, no ve nunca pozos donde se ha mandado teniendo pares chicos o medianos. Nunca entra fuera de posición. Foldea siempre segundos pares, proyectos contra chances en cualquier circunstancia y escaleras al hueco, así como colores por la puerta de atrás. Sabemos que esa es la actitud correcta, pero no siempre.
4. No miente lo suficiente. Si entra mandando en una vuelta y después de caer un mini flop no apuesta, es porque tiene dos cartas desiguales, pero altas. Si apuesta o revira una apuesta previa en ese mismo flop, den por sentado que tiene un par por encima del flop como mínimo. Le encanta las apuestas de valor y no es afín a las apuestas de continuación ni prueba. En conclusión, no blufea.



